Olor de Cacao

José de la Cuadra


El hombre hizo un gesto de asco. Después arrojó la buchada, sin reparar  que añadía nuevas manchas al sucio mantel de la mesilla. La muchacha  se acercó, solícita, con el limpión en la mano. 

—¿Taba caliente? 

Se revolvió el hombre fastidiado. 

—El que está caliente soy yo, ¡ajo! —replicó. 

De seguida soltó a media voz una colección de palabrotas brutales. Concluyó: 

—¿Y a esta porquería la llaman cacao? ¿A esta cosa intomable? 

Mirábalo la sirvienta, azorada y silenciosa. Desde adentro, de pie tras el  mostrador, la patrona espectaba. Continuó el hombre: 

—¡Y pensar que ésta es la tierra del cacao! A tres horas de aquí ya hay  huertas... 

Expresó esto en un tono suave, nostálgico, casi dulce... 

Y se quedó contemplando a la muchacha. Después, bruscamente, se  dirigió a ella: 

—Yo no vivo en Guayaquil, ¿sabe? Yo vivo allá, allá... en las huertas. Agregó, absurdamente confidencial: 

—He venido porque tengo un hijo enfermo, ¿sabe?, mordido de culebra...  Lo dejé esta tarde en el hospital de niños... Se morirá, sin duda... Es la  mala pata... 

3

La muchacha estaba ahora más cerca. Calladita, calladita. Jugando con  los vuelos del delantar. Quería decir: 

—Yo soy de allá, tambén; de allá... de las huertas... 

Habría sonreído al decir esto. Pero no lo decía. Lo pensaba, sí,  vagamente. Y atormentaba los flequillos de randa con los dedos nerviosos.  Gritó la patrona: 

—¡María! ¡Atienda al señor del reservado! Era mentira. Sólo una señal  convenida de apresurarse era. Porque ni había señor, ni había reservado.  No había sino estas cuatro mesitas entre estas cuatro paredes, bajo la luz  angustiosa de la lámpara de querosén. Y, al fondo, el mostrador, debajo  del cual las dos mujeres dormían apelotonadas, abrigándose la una con el  cuerpo de la otra. Nada más. Se levantó el hombre para marcharse. 

—¿Cuánto es? 

La sirvienta aproximose más aún a él. Tal como estaba ahora, la patrona  únicamente la veía de espaldas; no veía el accionar de sus manos  nerviosas, ilógicas. 

—¿Cuánto es? 

—Nada... nada... 

—¿Eh? 

—Sí; no es nada..., no cuesta nada... Como no te gustó... Sonreía la  muchacha mansamente, miserablemente; lo mismo que, a veces, suelen  mirar los perros. 

Repitió, musitando: 

—Nada... 

Suplicaba casi al hablar. El hombre rezongó, satisfecho: 

—¿Ah? Bueno... 

Y salió. 

Fue al mostrador la muchacha. Preguntó la patrona: 

4

—¿Te dio propina? 

—No; sólo los dos reales de la taza... 

Extrajo del bolsillo del delantal unas monedas que colocó sobre el zinc del  mostrador. 

—Ahí están. 

Se lamentó la mujer: 

—No se puede vivir... Nadie da propina... No se puede vivir... La muchacha no la escuchaba ya. 

Iba, de prisa, a atender a un cliente recién llegado. Andaba  mecánicamente. Tenía en los ojos, obsesionante, la visión de las huertas  natales, el paisaje cerrado de las arboledas de cacao. Y le acalambraba el  corazón un ruego para que Dios no permitiera la muerte del desconocido  hijo de aquel hombre entrevisto. 

1. DATOS DEL RELATO O CUENTO ESCOGIDO

Título del relato o cuento: Olor de Cacao

Nombres y Apellidos: José de la Cuadra Vargas.

  • Lugar de Nacimiento: Nació el 3 de septiembre de 1903 en Guayaquil, Ecuador.

  • Premios Obtenidos: Ha ganado algunos premios, como el 'Darío Mayorga Guevara' en tres ocasiones, la Bienal de Poesía de Cuenca en dos y el Premio Nacional Ismael Pérez Pazmiño. A nivel internacional, se destaca el premio 'Pablo Neruda' en poesía y 'Plural' en cuento.
2. ANÁLISIS DE LA FORMA:

  • Genero: Realismo social
  • Corriente o movimiento literario: Busca retratar de manera realista y detallada la sociedad
  • Lenguaje: Pictórico y descriptivo

  • 3. ANÁLISIS DEL FONDO
Narrador: Tercera persona
  • Personajes: El hombre-La muchacha-La patrona
  • Tiempo: Lineal

  • Espacio: Restaurante
    PREGUNTAS

    ¿Quién es el personaje central de la obra literaria leída?
    un hombre descontento y frustrado que protagoniza el fragmento proporcionado
    ¿Cuál es el propósito comunicativo de la obra leída?
    Mostrar de manera realista y detallada a la sociedad
    ¿Qué figuras literarias utiliza el autor en su narrativa? Mencione por lo menos dos
    Metáfora-Ironía

    vocabulario
  • Buchada: Envoltura hecha de hojas secas, generalmente de maíz o plátano, utilizada para cocinar alimentos.

    Ejemplo: "Después arrojó la buchada, sin reparar que añadía nuevas manchas al sucio mantel de la mesilla."

    Taba: Forma coloquial de "estaba".

    Ejemplo: "¿Taba caliente?" (¿Estaba caliente?)

    Ilógicas: Que carece de lógica o racionalidad.

    Ejemplo: "...no veía el accionar de sus manos nerviosas, ilógicas."

    Reservado: Área o espacio apartado o destinado a un propósito específico, como una mesa reservada en un restaurante.

    Ejemplo: "...la patrona únicamente la veía de espaldas; no veía el accionar de sus manos nerviosas, ilógicas."

    Mansamente: De manera suave, tranquila o sumisa.

    Ejemplo: "Sonreía la muchacha mansamente, miserablemente; lo mismo que, a veces, suelen mirar los perros."

    Zinc: Elemento químico metálico de color blanco azulado, empleado en la fabricación de diversos objetos.

    Ejemplo: "Extrajo del bolsillo del delantal unas monedas que colocó sobre el zinc del mostrador."

    Apelotonadas: Agrupadas o amontonadas en un espacio reducido.

    Ejemplo: "...las dos mujeres dormían apelotonadas, abrigándose la una con el cuerpo de la otra."

    Propina: Dinero adicional que se da como agradecimiento por un servicio.

    Ejemplo: "¿Te dio propina?" - "No; sólo los dos reales de la taza..."

    Acolchonadas: Cubiertas o protegidas con almohadones o colchones.

    Ejemplo: "...las dos mujeres dormían apelotonadas, abrigándose la una con el cuerpo de la otra."

  • Mezquino: Que muestra falta de generosidad o nobleza.

    Ejemplo: "Se lamentó la mujer: 'No se puede vivir... Nadie da propina... No se puede vivir...'"

El cholo que se vengó

Demetrio Aguilera Malta

-Tei amao como naide ¿sabes vos? Por ti mci hecho marinero y hei viajao por

otras tierras... Por ti hei estao a punto a ser criminal y hasta hei abandonao a

mi pobre vieja: por ti que me habís cngañao y te habís burlao e mi... Pero mei

vengao: todo lo que te pasó ya lo sabía yo dende antes. ¡Por eso te dejé ir con

ese borracho que hoi te alimenta con golpes a vos y a tus hijos!

La playa se cubría de espuma. Allí el mar azotaba con furor, y las olas enormes

caían, como peces multicolores sobre las piedras. Andrea lo escuchaba en

silencio.

-Si hubiera sío otro... ¡Ah!... Lo hubiera desafiao ar machete a Andrés y lo

hubiera matao... Pero no. Er no tenía la curpa. La única curpable eras vos que

me habías engañao. Y tú eras la única que debía sufrir así como hei sufrió yo...

Una ola como raya inmensa y transparente cayó a sus pies interrumpiéndole.

El mar lanzaba gritos ensordesedores. Para oír a Melquíades ella había tenido

que acercársele mucho. Por otra parte el frío...

-¿Te acordás de cómo pasó? Yo, lo mesmo que si juera ayer. Tábamos chicos;

nos habíamos criao juntitos. Tenía que ser lo que jué. ¿Te acordás? Nos

palabriamos, nos íbamos a casar... De repente me llaman pa trabaja en la

barsa e don Guayamabe. Y yo, que quería plata, mejuí. Tú hasta lloraste creo.

Pasó un mes. Yo andaba po er Guayas, con una madera, contento e regresar

pronto... Y entonces me lo dijo er Badulaque: vos te habías largao con Andrés.

No se sabía nada e ti. ¿Te acordás?

El frío era más fuerte. La tarde más oscura. El mar empezaba a calmarse. Las

olas llegaban a desmayar suavemente en la orilla. A lo lejos asomaba una vela

de balandra.

-Sentí pena y coraje. Hubiera querido matarlo a ér. Pero después vi que lo

mejor era vengarme: yo conocía a Andrés. Sabía que con ér sólo te esperaban

er palo y la miseria. Así que er sería mejor quien me vengaría... ¿Después? Hei

trabajao mucho, muchísimo. Nuei querido saber más de vos. Hei visitao

muchas ciudades; hei conocido muchas mujeres. Sólo hace un mes me ije:

¡anda a ver tu obra!

El sol se ocultaba tras los manglares verdinegros. Sus rayos fantásticos

danzaban sobre el cuerpo de la chola dándole colores raros. Las piedras

parecían coger vida. El mar se dijera una llanura de flores polícromas.

-Tei hallao cambiada ¿sabes vos? Estás fea; estás flaca, andas sucia. Ya no

vales pa nada. Solo tienes que sufrir viendo como te hubiera ido conmigo y

como estás ahora ¿sabes vos? Y andavete que ya tu marido ha destar

esperando la merienda, andavete que sino tendrás hoi una paliza...


La vela de la balandra crecía. Unos alcatraces cruzaban lentamente por el

cielo. El mar estaba tranquilo y callado y una sonrisa extraña plegaba los labios

del cholo que se vengó.



1. DATOS DEL RELATO O CUENTO ESCOGIDO

Título del relato o cuento: El cholo que se vengó

Nombres y Apellidos: Demetrio Aguilera Malta

  • Lugar de Nacimiento: 24 de mayo de 1909 en Guayaquil Ecuador

  • Premios Obtenidos: En 1972, recibió el Premio Nacional de Literatura de Ecuador por su obra «Siete lunas y siete serpientes». En 1976, recibió el Premio Cervantes, el galardón más importante de la literatura en lengua española.

2. ANÁLISIS DE LA FORMA
Género: narrativo
Corriente o movimiento literario: realismo o el naturalismo
Grupo de escritores:
Tipo de lenguaje: coloquial y directo


3. ANÁLISIS DEL FONDO

Narrador: Tercera persona

Personajes principales y secundarios: Andrés, El cholo, Don Guáyamabe, Melquíades, Andrea

Tiempo: Lineal

Espacio: Playa 


4. CUESTIONARIO


- ¿Quién es el personaje central de la obra literaria leída? 

El personaje central de la obra literaria es el protagonista, un hombre cuyo nombre no se revela pero que expresa sus sentimientos de amor, traición, resentimiento y venganza hacia una mujer que lo ha engañado.

- ¿Cuál es el propósito comunicativo de la obra leída?

el amor, la traición, el resentimiento y la venganza.

- ¿Qué figuras literarias utiliza el autor en su narrativa? Mencione por lo menos dos

figuras literarias.
Anáfora-hipérbole 

  1. Mci: Posiblemente un error tipográfico o una palabra regional con significado desconocido.

    • Ejemplo: "...Tei amao como naide ¿sabes vos? Por ti mci hecho marinero..."
  2. Cngañao: Engañado, traicionado.

    • Ejemplo: "...Por ti que me habís cngañao y te habís burlao e mi..."
  3. Desafiao: Desafiado, retado.

    • Ejemplo: "...Lo hubiera desafiao ar machete a Andrés y lo hubiera matao..."
  4. Barsa: Posiblemente una variante regional de "barca" o "barco".

    • Ejemplo: "...Pa trabaja en la barsa e don Guayamabe."
  5. Badulaque: Posiblemente un nombre propio o un término coloquial para referirse a alguien.

    • Ejemplo: "...Y entonces me lo dijo er Badulaque: vos te habías largao con Andrés."
  6. Regresar: Volver, retornar.

    • Ejemplo: "...Con una madera, contento e regresar pronto..."
  7. Nuei: Probablemente un error tipográfico o una variante regional de "nunca".

    • Ejemplo: "...Hei trabajao mucho, muchísimo. Nuei querido saber más de vos."
  8. Chola: Mujer mestiza o de origen indígena en América Latina, especialmente en Ecuador y Bolivia.

    • Ejemplo: "...Sus rayos fantásticos danzaban sobre el cuerpo de la chola dándole colores raros."
  9. Hallao: Hallado, encontrado.

    • Ejemplo: "Tei hallao cambiada ¿sabes vos?"
  10. Destar: Estar, posiblemente una variante regional.

  • Ejemplo: "...Ya tu marido ha destar esperando la merienda..."

¡ERA LA MAMÁ!

Joaquín Gallegos Lara



No supo cuántas cuadras había corrido. A pie. Metiéndose en los brusqueros. Dejando tiras de
carne en los grises y mortales zapanes de las alambradas.
—¡Pára, negro maldecido!
—Dale vos la vuerta por áhi.
—Ha sido ni venao er moreno.
Jadeaba y sudaba frío. Oía tras él los pasos. Y el casco bronco del caballo del capitán retumbaba
en el muelle piso del potrero.
—Aquí sí que...
El viento se llevaba las palabras. Al final del potrero había una mancha de arbolillos. Podría
esconderse. ¡Aunque eran tan ralas las chilcas y tan sin hojas los guarumos!
—Ris... Ris...
En las orejas se le reían los balazos. Y el golpe de la detonación de los “mánglicher” le llegaba al
pecho: porque eran rurales.
Más allá de los árboles sonaba el río. Gritaban unos patillos.
—Er que juye vive...
¿Se estaban burlando de él?
—En los alambres me cogen...
El puyón del viento le zumbaba en las orejas.
—Masque deje medio pellejo yo paso...
Metió la cabeza entre los hilos de púas. Una le rasgó la oreja. Las separó cortándose los dedos.
Le chorreaba tibia la sangre por las patillas, por las sienes. Se le escapó el hilo de arriba cerrando
la cerca sobre él. De un tirón pasó el torso dibujándose una atarraya de arañazos en las espaldas
negras.
—Deje er caballo pa pasar —advertían atrás al montado. Una patada en las nalgas lo acabó de
hacer pasar la cerca. Se fue de cara en la hierba.
—¡Ah! Hijo de una perra...
Esta vez la bota del rural le sonó como un campanillazo al patearlo en la oreja. En la ya rasgada.
Se irguió de rodillas. La culata del rifle le dio de lleno en el pecho. Las patadas lo tundían.
—Aja, yastás arreglao...
Pero era un mogote el negro. Rugía como toro empialado. Y se agarró a las piernas del otro
fracasándolo de espaldas. Quiso alzarse y patear también. Veía turbio.
Se culebreó sobre el caído. Forcejeaban sordamente.

Lo tenía. Le había metido los dedos en la boca. El otro quería morder. El negro le hundía las
manos abriéndole la boca sin sentir el dolor de los dientes. Y súbito tiró. Las mejillas del rural le
dieron un escalofrío al rasgarse. Chillaron como el ruán que rasgan las mujeres cosiendo. Al
retirar las manos sangrientas oyó que la voz se le iba.
No tenía boca. Raigones negruzcos de muelas y de dientes reían. Se llevaba las manos a la cara
recogiendo las piltrafas desgajadas.
—¡Ah! Hijo de una perra...
De todos lados las culatas y las botas le llovían golpes. Giró el negro los ojos blanqueantes. Agitó
la bemba. Quería hablar. Los miró a todos en torno allí de rodillas. Recordó que todo había sido
por el capitán borracho y belicoso. Se cubrió la cara con el brazo y cayó otra vez.
—¡Ah! ¡Mardecido!
—Lo ha fregao a Rangel...
—Démosle duro.
—¡Negro mardito!
Bailaban sobre el cadáver.

II

—Hei, señora.
Del interior de la casa respondían. Se oían pasos.
—A ver... ¿Qué jue?
—Una posadita...
—¿Son rurales?
—Sí. ¿Y qué?
—Bueno, dentren nomás.
Brilló un candil sobre la cabeza de la vieja negra. El grupo kaki claro al pie de la casucha semejaba
una hoja de maíz entreabierta. Hablaban entre ellos:
—Déjenlo áhi guardao adebajo er piso.
—Era de habeslo enterrao allá mesmo todoi... Onde cayó.
—Mañana lo enterramo Anden. Cuidao se asusta la vieja.
Subieron ruidosamente. El cuerpo del negro muerto a patadas hizo una pirueta y cayó montado
en el filo de los guacayes horizontales del chiquero. Bajo el piso.
Apoyaban los rifles cañón arriba en las paredes. El capitán se sentó en la hamaca. Ya se le había
pasado la borrachera que lo hizo disputar con el negro. Los otros se acomodaban en bateas boca
abajo. En el baúl. Donde pudieron.
—¿Han comido?

—Ya, señora.
—Pero argo caliente. ¿Un matecito e café puro con verde asao?
—Si usté es tan güeña...
—Petitaa... ¿Ta apagao er fogón?
Del cuarto interior salió la muchacha.
—No tuavía, mama.
—Entonces vamo a’sar unos verdes y un poquito e café puro pa los señores...
La muchacha había hecho encenderse los pai-pais de los ojos del capitán.
—Oye Pata e venao, trai la damajuanita e mayorca. Pa ponesle un poquito en er café puro e la
señora y de usté también, niña... niña Petita ¿no? No pensaba habesme encontrao po aquí con
una flor de güenas tarde como ella...
Petita reía elevando el traje rosado con la loma de su pecho duro, al respirar. E iba y venía con
un ritmo en las caderas que enloquecía al rural.
Después del café puro hubieran conversado un rato con gusto. La vieja negra cortó:
—La conversa ta mui güena... pero ustedes dispensarán que nos vayamos pa adentro a
acostarno yo y mi hija... Tenemo que madrugás... Porque tarbés amanezca aquí mijo que llega e
Manabí mañana... Ahi les dejo er candil.
La puerta de ocre oscuro, de viejas guadúas latilladas, se cerró. Sus bisagras de veta de novillo
chirriaron. Los rurales la miraban con ojos malos. El capitán los detuvo con el planazo de su
mirada:
—Naiden se meta... La fruta es pa mí. Y pa mí solo ta que se cai de la mata...
Ella le había guiñado el ojo. Apagó el candil. Por la caña rala de las paredes salían ovillos de
amarillenta claridad. Pegó la frente febril a las rendijas frías.
—Se está esvistiendo...
Miraba, tendida atrás la mano deteniendo a los otros. Cruzó en camisón la vieja hasta la ventana
con un mate en la mano. A verterlo afuera. Y ágil metió por la puerta entornada la cabeza el
hombre. Una seña violenta y breve: vendré. Espérame. La Petita apretó púdica el camisón,
medio descubierto, contra el seno. Sonrió: sí.
La vieja sin darse cuenta de nada se metió bajo el toldo colorado de la talanquera del frente.
Apagando su candil.
Una hora más tarde crujía la puerta.
Y crujía la talanquera de Petita.
La vieja roncaba. Los rurales soñaban en la cuadrita con la suerte de su jefe.
III

—Señora, muchísimas gracias. ¡Y nos vamo que hai que hacer en er día!
Petita se sonreía con el capitán a espaldas de la vieja.

Uno dijo:
—¿La joven es casada u sortera?
—Ta separada el esposo —aclaró la madre.
—Y, una cosa señora pa saber a quién agradecerle, ¿cómo es su gracia?
—Panchita e Llorel.
Petita ve al herido —al de la cara desgarrada en la lucha de ayer— y pregunta:
—¿Qué jue eso, capitán?... Como anoche no lei visto...
—Jue antier una pelea...
—¡Pero qué bruto er que se lo hizo! Sería con navaja...
—No, con los dedos...
—¡Jesús! Lo han dejao guaco pa toda su vida...
Bajaron. Ya era claro. La manga húmeda brillaba como si hubiera llovido del sereno. Cantaban
caciques en los ciruelos de las cercas.
Las dos mujeres empezaban sus quehaceres. A Petita le dolían las caderas: ¡es que tres veces!...
—Oite Petita... Baja a ver ar chancho que ha estao moviéndose y como hozando toda la noche...
Bajó Petita y la oyó gritar la madre:
—Mama, mama, estos marvaos le han echao un muerto ar chancho... Venga... Eso es lo que ha
estao comiendo toda la santa noche... ¡Jesús! ¡San Jacinto lindo! Venga.
—¡Al fin rurales! Son la plaga: con razón nuei dormido naditita: y antes que no han querido argo
pior con vos...
Acudió. Como cluecas rodearon el chiquero. No sabían de dónde empuñar el cuerpo
mancornado con la cara sumergida en el lodo. Comido por el cuello. Por el pecho. Descubiertas
las costillas.
—¡Pero qué mardecidos!... De adeveras: ar fin rurales... ¿Y quién será er pobre hombre este?
Por un brazo lo pudieron alzar. La camiseta tenía mucha sangre. Pero el pantalón ¿lo conocían?
Con un canto de la falda limpió Petita el prieto embarrado hediendo de la cara. El cuerpo
descansaba a medias en la vieja, a medias en el filo del chiquero.
Fue un grito corto el de Petita:
—¡ Ay mama! Si es Ranulfo, mi ñaño...
La vieja no dijo nada. Su cara negra —arrugada como el tronco leñoso de un níspero— se hizo
ceniza, ceniza.
A Petita le dolían los besos del rural —los besos de la noche oscura— como si hubieran sido
bofetadas...


1. DATOS DEL RELATO O CUENTO ESCOGIDO

Título del relato o cuento: ¡ERA LA MAMÁ!

Nombres y Apellidos: Joaquín Gallegos Lara

  • Lugar de Nacimiento: 9 de abril de 1909 en Guayaquil Ecuador

  • Premios Obtenidos: Premio Nacional de Novela "Jorge Icaza" en 1965 por su obra "Las cruces sobre el agua", Premio Mariano Aguilera en 1971, Premio Nacional Eugenio Espejo en 1978, Premio Nacional de Literatura Aurelio Espinosa Pólit en 1987
  • 2. ANÁLISIS DE LA FORMA
  • Género: narrativo 
  • Corriente o movimiento literario:  realidad social y humana
  • Grupo de escritores (en caso de especificar): es directo y descriptivo, con un estilo que refleja la crudeza de las situaciones y los personajes.
  • Tipo de lenguaje:

  • 3. ANÁLISIS DEL FONDO
  • Narrador: en tercera persona omnisciente
  • Personajes principales y secundarios: El "negro"-La vieja negra- Petita-Los rurales
  • Tiempo: Lineal
  • Espacio: un entorno rural, posiblemente en una zona agrícola o ganadera
4. CUESTIONARIO

- ¿Quién es el personaje central de la obra literaria leída? Descríbalo.
el "negro" maldecido parece ser el personaje central de la obra. Este personaje es perseguido y atacado por los rurales, lo que impulsa gran parte de la acción en el fragmento. El "negro" maldecido es descrito como un individuo que está en una situación desesperada, huyendo por su vida y enfrentando la violencia de los rurales.
- ¿Cuál es el propósito comunicativo de la obra leída?
una atmósfera de violencia y opresión en un entorno rural
- ¿Qué figuras literarias utiliza el autor en su narrativa? Mencione por lo menos dos
figuras literarias.
Metáfora-Personificación

  1. Brusqueros: Significa arbustos o matorrales densos y espinosos.

    • Contexto: "...Metiéndose en los brusqueros."
  2. Zapanes: Se refiere a zanjas o fosos.

    • Contexto: "...Dejando tiras de carne en los grises y mortales zapanes de las alambradas."
  3. Ralas: Significa escasas o dispersas.

    • Contexto: "...¡Aunque eran tan ralas las chilcas y tan sin hojas los guarumos!"
  4. Chilcas: Se refiere a arbustos espinosos.

    • Contexto: "...¡Aunque eran tan ralas las chilcas y tan sin hojas los guarumos!"
  5. Guarumos: Arbustos o árboles pequeños.

    • Contexto: "...¡Aunque eran tan ralas las chilcas y tan sin hojas los guarumos!"
  6. Mánglicher: Se refiere a un tipo de rifle o arma de fuego.

    • Contexto: "...Y el golpe de la detonación de los 'mánglicher' le llegaba al pecho..."
  7. Bemba: Labio inferior, especialmente si es grande o protuberante.

    • Contexto: "...Forcejeaban sordamente. Lo tenía. Le había metido los dedos en la boca. El otro quería morder. El negro le hundía las manos abriéndole la boca sin sentir el dolor de los dientes. Y súbito tiró. Las mejillas del rural le dieron un escalofrío al rasgarse. Chillaron como el ruán que rasgan las mujeres cosiendo. Al retirar las manos sangrientas oyó que la voz se le iba. No tenía boca. Raigones negruzcos de muelas y de dientes reían. Se llevaba las manos a la cara recogiendo las piltrafas desgajadas..."
  8. Mardecido: Maldecido, maldito.

    • Contexto: "...Esta vez la bota del rural le sonó como un campanillazo al patearlo en la oreja. En la ya rasgada. Se irguió de rodillas. La culata del rifle le dio de lleno en el pecho. Las patadas lo tundían. —Aja, yastás arreglao..."
  9. Mogote: Montón o masa de algo.

    • Contexto: "...Pero era un mogote el negro. Rugía como toro empialado."
  10. Tundir: Golpear repetidamente con fuerza.

    • Contexto: "...Las patadas lo tundían."
  11. EL MALO

    Enrique Gil Gilbert



  12. Duérmase niñito,
    duérmase por Dios;
    duérmase niñito
    que allí viene el cuco,
    ¡ahahá! ¡ahahá!
    Y Leopoldo elevaba su destemplada voz meciéndose a todo vuelo en la hamaca, tratando de arrullar a su
    hermanito menor.
    —¡Er moro!
    Así lo llamaban porque hasta muy crecido había estado sin recibir las aguas bautismales.
    —¡Er moro! ¡Jesú, qué malo ha de ser!
    —¿Y nuá venío tuabía la mala pájara a gritajle?
    —Iz que cuando uno es moro la mala pájara pare...
    —No: le saca los ojitos ar moro.
    San José y la virgen
    fueron a Belén
    a adorar al niño
    y a Jesús también.
    María lavaba,
    San José tendía
    los ricos pañales
    que el niño tenía,
    ¡ahahá! ¡ahahá!
    Y seguía meciendo. El cuerpo medio torcido, más elevada una pierna que otra, sólo la más prolongada
    servía de palanca mecedora. En los labios un pedazo de res: el “rompe camisa”.
    Más sucio y andrajoso que un mendigo, hacía exclamar a su madre:
    —¡Si ya nuai vida con este demonio! ¡Vea: si nuace un ratito que lo hei bestío y ya anda como de un mes!
    Pero él era impasible. Travieso y malcriado por instinto. Vivo; tal vez demasiado vivo.
    Sus pillerías eran porque sí. Porque se le antojaba hacerlo.
    Ahora su papá y su mamá se habían ido al desmonte. Tenía que cocinar. Cuidar a su hermanito. Hacerlo
    dormir, y cuando ya esté dormido, ir llevando la comida a sus taitas. Y lo más probable era que recibiera
    su cueriza.
    Sabía sin duda lo que le esperaba. Pero aunque ya el sol “estaba bastante paradito”, no se preocupaba
    de poner las ollas en el fogón. Tenía su cueriza segura. Pero ¡bah!
    ¿Qué era jugar un ratito?... Si le pagaban le dolería un ratito y... ¡nada más! Con sobarse contra el suelo,
    sobre la yerba de la virgen...
    Y viendo que el pequeño no se dormía se agachó; se agachó hasta casi tocarle la nariz contra la de él.

    El bebé, espantado, saltó, agitó las manecitas. Hizo un gesto que lo afeaba y quiso llorar.
    —¡Duérmete! —ordenó.
    Pero el muy sinvergüenza en lugar de dormirse se puso a llorar.
    —Vea ñañito: ¡duérmase que tengo que cocinar!
    Y empleaba todas las razones más convincentes que hallaba al alcance de su mentalidad infantil.
    El bebé no hacía caso.
    Recurrió entonces a los métodos violentos.
    —¿No quieres dormirte? ¡Ahora verás! Cogiólo por los hombritos y lo sacudió.
    —¡Si no te duermes verás!
    Y más y más lo sacudía. Pero el bebé gritaba y gritaba sin dormirse.
    —¡Agú! ¡Agú! ¡Agú!
    —Parece pito, de esos pitos que hacen con cacho e toro y ombligo de argarrobo.
    Y le parecía bonita la destemplada y nada simpática musiquita.
    ¡Vaya! Qué gracioso resultaba el muchachito, así, moradito, contrayendo los bracitos y las piernitas para
    llorar.
    —¡Ji, ji, ji! ¡Cómo si ase! ¡Ji, ji, ji!
    Si él hubiera tenido senos como su mamá, ya no lloraría el chico, pero... ¿Por qué no tendría él?...
    ...Y él sería cuando grande como su papá...
    Iría...
    —¡Agú! ¡Agú! ¡Agú!
    ¡Carambas, si todavía lloraba su ñaño!
    Lo bajó de la hamaca.
    —¡Leopordo!
    —Mande.
    —¿Nuás visto mi gallina fina?
    —¡Yo no hei visto nada!
    Y la Chepa se alejaba murmurando:
    —¡Si es malo-malo-malo-como er mesmo malo!
    ¡Vieja majadera! Venir a buscar gallinas cuando él tenía que hacer dormir a su ñaño y cocinar... Y ya el sol
    “estaba más paradito que endenantes”.
    ¡Qué gritón el muchacho! Ya no le gustaba la musiquita.
    Y se puso a saltar alrededor de la criatura. Saltaba. Saltaba. Saltaba.
    Y los ocho años que llevaba de vida se alegraron como nunca se habían alegrado.
    Si había conseguido hacerlo callar, lo que pocas veces conseguía...
    Y más todavía, se reía con él... ¡ Con él que nadie se reía!
    Por eso tal vez era malo.
    ¿Malo? ¿Y qué sería eso? A los que les grita la lechuza antes de que los lleven a la pila, son malos... ¡Y
    a él dizque le había gritado!
    Pero nadie se reía con él.
    —No te ajuntes con er Leopordo —había oído que le decían a los otros chicos—. ¡No te ajuntes con ese
    ques malo!
    Y ahora le había sonreído su hermanito. ¡Y dizque los chiquitos son angelitos!
    —¡Guio! ¡Güio!
    Y saltaba y más saltaba a su alrededor. De repente se paró.
    —¡Ay!
    Lloró. Agitó las manos. Lo mismo había hecho el chiquito.
    —¿Y de onde cayó er machete?
    Tornaba los ojos de uno a otro lado.
    —¿Pero de onde caería? ¿No sería er diablo?
    Y se asustó. El diablo debía estar en el cuarto.
    —¡Uy!
    Sus ojos se abrieron mucho... mucho... mucho...
    Tanto que de tan abiertos se le cerraron. ¡Le entró tanto frío en los ojos! Y por los ojos le pasó al alma.
    El chiquito en el suelo... y él viendo: sobre los pañalitos... una mancha como de fresco de pitahaya... no...
    si era... como de tinta de mangle... y salía y salía... ¡qué colorada!
    Pero ya no lloraba.
    —¡Ñañito!
    No, ya no lloraba. ¿Qué le había pasado? ¿Pero de dónde cayó el machete? ¡El diablo!
    Y asustado salió. Se detuvo apenas dejó el último escalón de la escalera. ¿Y si su mamá le pegaba?
    ¡Como siempre le pegaban...!

    Volvió a subir... Otra vez estaba llorando el chiquito... ¡Sí! Sí estaba llorando... ¡Pero cómo lloraba! ¡Si casi
    no se le oía!
    —¡Oi! ¡Cómo se ha manchao! ¡Y qué colorao! ¡Qué colorao questá! ¡Si toíto se ha embarrao!
    Fue a deshacerle el bulluco de pañales. Con las puntas del índice y del pulgar los cogía: ¡tanto miedo le
    daban!
    Eso que le salía era como la sangre que le salía a él cuando se cortaba los dedos mientras hacía canoítas
    de palo de balsa.
    Eso que le salía era sangre.
    —¿Cómo caería er machete?
    Allí estaba el diablo...
    El diablo. El diablo. El diablo.
    Y bajó. No bajó. Se encontró sin saber cómo, abajo. Corrió en dirección “al trabajo” de su papá.
    —¡Yo no hei sío! Yo no hei sío.
    Y corría.
    Lo vio pasar todo el mundo.
    Los hijos de la Chepa. Los de la Meche. Los de la Victoria. Los de la Carmen. Y todos se apartaban.
    —¡Er malo!
    Y se quitaban.
    —¿Lo ves cómo llora y cómo habla? ¡Se ha gorbido loco! ¡No se ajunten con él que la lechuza le ha gritao!
    Pero él no los veía.
    El diablo... su hermanito... ¿cómo fue? El diablo... El malo... El... ¡El que le decían el malo!
    —¡Yo no jui! ¡Yo no jui! ¡Si yo no sé!
    Llegó. Los vio de lejos. Si les decía le pegaban... No: él les decía...
    Y avanzó:
    —¡Mama! ¡Taita!
    —¿Qué quieres vos aquí? ¿No te dejé cuidando ar chico?
    Y lloró asustado. Y vio:
    El diablo.
    Su hermanito.
    El machete.
    —Si yo no jui... ¡Sólito no más se cayó! ¡Er diablo!
    —¿Qué ha pasado?
    —En la barriguita... ¡pero yo no jui! ¡Si cayó sólito! ¡Naiden lo atacó! ¡Yo no jui!
    Ellos adivinaron.
    ¡Y corrieron! Él asustado. Ella llorosa y atrás. ¡Leopoldo con un espanto más grande que la alegría de
    cuando su hermanito le sonrió!
    Para todos pasó como algo inusitado ver corriendo como locos a toda la familia.
    Algunos se reían. Otros se asustaban. Otros quedaban indiferentes.
    Los muchachos se acercaban y preguntaban:
    —¿Qué ha pasao?
    Hablaban por primera vez en su vida al malo.
    —¡Yo nuei sío! ¡Jue er diablo!
    Y se apartaban de él.
    ¡Lo que decía!
    Y subieron todos y todos vieron y ninguno creyó en lo que veía. Sólo él —el malo— asustado, tan asustado
    que no hablaba —cosa rara en él— desgreñado, sucio, hediondo a sudor, miraba y estaba convencido de
    que era cierto lo que veían.
    Y sus ojos interrogaban a todos los rincones. Creía ver al diablo.
    La madre lloró.
    Al quitarle los pañales vio con los ojos enturbiados por el llanto lo que no hubiera querido ver...
    Pero ¿quién había sido?
    Juan, el padre, explicó: como de costumbre él había dejado el machete entre las cañas... él, nadie más
    que él, tenía la culpa.
    No. Ellos no lo creían. Había sido el malo. Ellos lo acusaban.
    Leopoldo llorando imploraba:
    —¡Si yo no jui! Jue er diablo.
    —¡Er diablo eres vos!
    —¡Yo soy Leopordo!

    —Tu taita ej er diablo, no don Juan.
    —Mentira —gritó la madre ofendida.
    Y la vieja Victoria, bruja y curandera, arguyó con su voz cascada:
    —¡Nuasido otro quer Leopordo, porque ér ej er malo! ¡Y naiden más quer tiene que haber sido!
    Leopoldo como última protesta:
    —¡Yo soy hijo e mi taita!
    Todos hacían cruces.
    Había sido el malo. Tenía que ser. Ya había comenzado. Después mataría más.
    —¡Hay que decirle ar Político er pueblo!
    Se alejaban del malo. Entonces él sintió repulsión de ellos. Fue la primera vez que odió.
    Y cuando todos los curiosos se fueron y quedaron solos los cuatro, María, la madre, lloró. Mientras Juan
    se restregaba una mano con otra y las lágrimas rodaban por sus mejillas.
    María vio al muerto... ¡Malo, Leopoldo, malo! ¡Mató a su hermanito, malo! Pero ahora vendría el Político y
    se lo llevaría preso... Pobrecito. ¿Cómo lo tratarían? Mal porque era malo. Y con lo brutos que eran los de
    la rural. ¡Pero había matado a su hermanito! Malo, Leopoldo, malo... Lo miró. Los ojos llorosos de Leopoldo
    se encontraron suplicantes con los de ella.
    —¡Yo no hei sío, mama!
    La vieja Victoria subió refunfuñando:
    —¡Si es ques malo de nación: es ér, er malo, naiden más que ér!
    María abrazó a su hijo muerto... ¿Y el otro? ¿El Leopoldo ?... ¡No, no podía ser!
    Corrió, lo abrazó y lo llevó junto al cadáver. Y allí abrazó a su hijo muerto y al vivo.
    —¡Mijito! ¡Pobrecito!
    —Le gritó la lechuza...
    El machete viejo, carcomido, manchado a partes de sangre, a partes oxidado, negro, a partes plateado,
    por no sé qué misterio de luz, parecía reírse.
    —¡Es malo, malo Leopoldo!

    1. DATOS DEL RELATO O CUENTO ESCOGIDO

    Título del relato o cuento: EL MALO

    Nombres y Apellidos: Enrique Gil Gilbert

    • Lugar de Nacimiento: 8 de julio de 1912en Guayaquil Ecuador

    • Premios Obtenidos: Premio Nacional de Literatura Aurelio Espinosa Pólit en 1976, Premio Eugenio Espejo en 1978, Premio Nacional de Cultura “Premio Eugenio Espejo” en 2004, Condecoración de la Orden Nacional al Mérito en el grado de Gran Oficial

    • 2. ANÁLISIS DE LA FORMA
    • Género: Narrativa o cuento.
    • Corriente o movimiento literario:  Realismo social o regionalismo.
    • Grupo de escritores (en caso de especificar):
    • Tipo de lenguaje: Coloquial y descriptivo

    • 3. ANÁLISIS DEL FONDO
    • Narrador: omnisciente
    • Personajes principales y secundarios; Leopoldo, apodado "el moro"-El hermanito de Leopoldo-Los padres de Leopoldo-La vieja Victoria
    • Tiempo: Lineal 
    • Espacio: Un pueblo rural de la costa ecuatoriana.

    • 4. CUESTIONARIO

    • - ¿Quién es el personaje central de la obra literaria leída? Descríbalo.
    • El personaje central de la obra literaria es Leopoldo, apodado "el moro". Leopoldo es un niño travieso y malcriado que se encuentra cuidando a su hermanito menor mientras sus padres están fuera. A lo largo del fragmento, se revela su personalidad rebelde y su tendencia a hacer travesuras.
    • - ¿Cuál es el propósito comunicativo de la obra leída?
    • la inocencia y la malicia en la infancia
    • - ¿Qué figuras literarias utiliza el autor en su narrativa? Mencione por lo menos dos
    • figuras literarias.
    • Personificación-ironía 

    • 5. VOCABULARIO
    1. Destemplada: Significa desentonada o discordante

    2. . En el contexto, se refiere a la voz de Leopoldo que se escucha discordante o fuera de tono al intentar arrullar a su hermanito menor.


    3. Palanca: Se refiere a una barra que se utiliza para ejercer una fuerza de palanca.

    4. En el contexto, se menciona que una de las piernas de Leopoldo se usa como una palanca para mecer la hamaca.


    5. Travieso: Describe a alguien que suele hacer travesuras o actuar de manera juguetona y desobediente.

    6. En el contexto, se describe a Leopoldo como un niño travieso y malcriado.


    7. Instinto: Se refiere a los patrones innatos de comportamiento o impulsos naturales en los seres vivos.

    8. En el contexto, se menciona que Leopoldo actúa travieso y malcriado por instinto.


    9. Píto: En algunas regiones, puede referirse a un pequeño silbato o flauta.

    10. En el contexto, se utiliza para describir el sonido que hace el bebé al llorar.


    11. Reírse: Significa soltar una risa o carcajada.

    12. En el contexto, se menciona que el machete parece estar riéndose, lo que sugiere una personificación del objeto.


    13. Refunfuñando: Describe un murmullo o quejido de descontento.

    14. En el contexto, se utiliza para describir la acción de la vieja Victoria al subir las escaleras.


    15. Hediondo: Significa que desprende un olor desagradable y fuerte.

    16. En el contexto, se menciona que Leopoldo está hediondo a sudor.


    17. Refregar: Se refiere a frotar vigorosamente una superficie.

    18. En el contexto, se menciona que Juan se restriega una mano con otra.


    19. Cruces: Se refiere a la acción de hacer el signo de la cruz como gesto de protección o bendición.

    20. En el contexto, se menciona que todos hacen cruces, posiblemente como una expresión de sorpresa o superstición ante la situación.


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